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domingo, 28 de julio de 2013

CAPITULO 39

Holaaaa!!! Que tal todo? Aqui vengo con un nuevo capitulo :) Este en especial me gusto aunque.... bueno ya lo leeran!! Comenten comenten y subo el 40!! Besos

—Nada cielo, ve tranquila —le dije y me alejé más de ella. Ella frunció el ceño.

—¿Sabes? He notado que a todas nos dices cielo, linda o dulce. Pero solo le dices cariño a Lali.


—No, eso no es así —dije.



—Si, puedo asegurarte que sí.

—Pues entonces… no nada. Ve, ve, creo que va a ser mejor que esto lo dejemos para otro día.

—¿Qué? —preguntó.

—Si, recordé que hoy tengo… tengo que hacer unas cosas y no podré verte. Lo siento dulce…

—Kate tenía razón —me dijo. La miré bien —Estas muy cambiado…

  Se fue de allí dejándome bastante confundido. Salí del gimnasio y ya casi todo el mundo se había ido. ¿Cambiado? ¿Yo estoy cambiado? Al parecer si, y esto no puede estar pasando. 

  Fui hasta mi moto y me subí en ella. No quería volver a casa aun. Mejor iré a dar unas vueltas por allí. Cuando la noche llegó al lugar, decidí volver. Entré a mi departamento, y escuché un par de risitas graciosas provenientes de mi habitación. Recordé que Rochi me había dicho que hoy vendrían a dormir Lali y Euge. Mi prima salió del cuarto y me miró bien.

—¿Qué haces aquí? —me dijo.

—No quiero preguntas, no estoy de humor Rochi—le dije.

—Uuuuh, que carácter —dijo mientras se acercaba a la heladera y buscaba un poco de agua.

—¿Qué hacen? —le pregunté.

—¿No era que no querías que te hable? —me dijo.

—Solo quiero saber.

—Estábamos hablando, y estábamos por mirar una película —me contestó.

—¿Lali está? —dije. Ella arqueó una de sus cejas y me miró fijo.

—Si, si esta ¿Acaso viniste a casa porque Lali iba a estar aquí?

—No, claro que no —dije rápidamente —Solo tuve un pequeño problema y… ¿Por qué tengo que estar dándote explicaciones? Está es mi casa y vengo cuando tengo ganas.

—Como sea, malhumorado —me dijo y se fue de nuevo a la habitación.

  Dejé mis cosas sobre la mesada y entré al baño para darme una ducha. Cuando salí toque la puerta de mi cuarto y Rochi salió. Me miró.

—¿Qué quieres? —me preguntó.

—¿Puedes darme un poco de ropa? —le pregunté, mientras intentaba mirar hacia dentro.

Tal vez podría ver un poco de Lali.

—Ahora te la alcanzo —me dijo y entró cerrando la puerta. Volvió a salir y me dio un pantalón de dormir y un calzoncillo.

—Gracias —le dije y volví a la sala.

  Me puse mi cómodo pantalón de dormir y me quedé sin camisa. Hacía algo de calor esa noche. Me tiré pesadamente al sillón y prendí la tele. Volví a escuchar risas y la curiosidad comenzó a molestarme. Pero no me moví de mi lugar.

  Tenía que quedarme en donde estaba. Encontré una interesante película y me quedé allí tranquilo. Un bostezo involuntario salió de mí. Miré la hora y el reloj marcaba las 2 de la mañana. ¡Vaya que el tiempo puede pasar volando cuando uno está muy concentrado!

  Apagué la tele y me acosté bien en el sillón. Coloqué mis dos brazos detrás de mi cabeza y cerré mis ojos. Pero mi cabeza no dejaba de pensar. Escuché unos pequeños pasos, pero aun así no abrí mis ojos. De seguro era Rochi. Escuché como la heladera se abría.

—Maldito Lanzani, no tiene nada orgánico —musitó con enojo —Es un carnívoro.

  Entonces levanté mi cabeza y divisé su pequeña figura buscando algo dentro del refrigerador. 

  Sin hacer ruido me puse de pie y con sigilo, como un león a punto de cazar, caminé para acercarme más a ella. Sentí que iba a enloquecer al verla en un sexy culotte blanco una camisa de dormir. Uno de mis ojos se entrecerró por la luz que proporcionaba el refrigerador abierto.

—Herbívora, busca bien. En el cajón de abajo hay manzanas —le dije.

Ella ahogó un grito y se giró a verme.

—¡Maldita sea, Peter! ¡Casi me matas! —dijo mientras respiraba algo agitaba ponía una de sus manos sobre su pecho. La escaneé de arriba abajo. ¡Diablos, se veía condenadamente bien así!

—No fue mi intención, pero que lindo levantarme y tenerte así en la cocina —le dije y la volví a mirar de arriba abajo. Su cabello caía desordenado y algo despeinado por sus hombros. Sus piernas blancas y suaves se veían deseosas. Que ganas de…

—No me mires así —me ordenó con autoridad —Mírame a los ojos.

—Ya sé de memoria tu rostro, y tus bellos ojos—dije y me acerqué un poco más a ella —Trato de memorizar otras partes…

  Me acerqué más acorralándola contra la pared. La luz del refrigerador era lo que nos iluminaba. Ella hizo un escaneo nervioso a mi torso desnudo. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras no le salieron.

—¿Qué? ¿Qué vas a decirme? —le dije y me acerqué más, apretándola contra mí —Estás en mi casa, y todo lo que está aquí es mío. Lo toco y lo miró cuando se me da la gana…

—Resulta que no soy una cosa, y también resulta que no soy tuya —me dijo.

—Mírame fijo a los ojos, y vuélvelo a decir… no puedes, porque una parte de ti, ya es mía.

  Ella guardó silencio, mirándome fijo. Posé mi vista en sus labios. Esos labios carnosos y calientes que me hacían perder el control. Como necesitaba besarla…

—Ese ego tuyo, hasta medio dormido es inmenso —me dijo.

—¿Quieres saber que otra cosa es inmensa? —le pregunté con la voz ronca.

—No puedo creer que hayas dicho eso —me acusó nerviosa y algo agitada.

Sonreí divertido y negué con la cabeza.

—Las ganas que tengo de ti Lali… ¿O que pensaste?

—La inmensa estupidez que puedes llegar a tener—dijo ella rápidamente.

—Hasta media dormida, eres mal pensada —dije divertido.

—Ahora apártate, quiero ir a dormir.

  Entonces aquello fue más fuerte que yo. Rápidamente me acerqué a su boca y la besé intensamente. Abrí más sus labios con mi lengua, y toqué la suya con necesidad. Ella intentó alejarse, pero coloqué una de mis manos en su nuca y la acerqué más a mí. Un leve gemido escapó de su boca, cuando la apoyé más contra la pared, apretándola con mi cuerpo. Sus manos se quedaron quietas sobre mis hombros, mientras nuestras bocas se conocían más y más, era un movimiento violento y casi insano, pero no podía detenerme. Mi necesidad de saborearla era apabullante. Ella soltó otro gemido, cuando mordí sus labios suavemente…

  Entonces logró alejarme de ella y sin decir nada, su mano sonó contra mi mejilla. Agitado volví mi vista a su rostro. Pude ver la confusión en sus ojos, mientras que su respiración agitada caía sobre mi boca.

  Sentí una pequeña punzada en mi pecho. Un enojo que me estaba carcomiendo las entrañas. Nuestras respiraciones aun eran agitadas.

¿Por qué demonios no cede? ¿Por qué demonios me hace esto?


45 comentarios:

  1. mas mas mas mas mas mas

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  2. me encanta sube el cap 40 xfa

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  3. sube mas novela POR FAVOR

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  4. sube otro cap por favor

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  5. sube mas novela hoy xfa

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  6. nove nove nove nove nove

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  7. amo tu novela
    sube el cap 40

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  8. Uau me encantó! Más!

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