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sábado, 27 de julio de 2013

CAPITULO 34

Holaaaa!!! Mmmmmm el siguiente capitulo es muuuy laliter, yo solo aviso... Quereis el ultimo por hoy? Venga comentar mucho y subo otro :) Si quereis un pequeño adelanto Maria se pone furiosa... Porque sera? Besos

  Otra vez su cara se había tornado seria. Entramos al salón y aun la profesora de derecho no había llegado.


  Lali entró corriendo y se paró en seco al ver que había llegado a tiempo. La miré y le hice un gesto para que se sentara a mi lado. Negó con la cabeza, le hice un gesto de ¿Por qué?


  Con el rostro me señaló a María. Giré mi cabeza para mirarla y la rubia me miraba fijo, con los ojos llenos de rabia. Un escalofrió recorrió mi espalda. Eso sí que da miedo…

  Volví mi mirada a Lali, y ella ya estaba sentada al lado de Gastón. Tomé mi celular y comencé a escribir rápidamente. Envié el mensaje, miré hasta que mi amigo tomó su celular. Sentí como alguien se sentaba a mi lado, lo miré y era Nicolás.

—¿Qué sucede? —me preguntó.

—Estoy viendo si Gastón, lee el mensaje que le mandé—dije sin dejar de mirar al frente.

Mi celular comenzó a vibrar.

‘Tranquilo Lanzani, tengo códigos. Sé que es tuya, además de que se nota que estas loquito por ella…’

Gruñí y volví a escribir.

‘No seas imbécil, y solo no te pases de listo porque ya verás…’

  La profesora entró a la clase. Me acomodé mejor en la silla y volví mi vista al pelado. Él seguía con el semblante serio. Algo lo perturba, y mucho.

—¿Vas a decirme que te pasa? —le dije por lo bajo. Me miró de costado.

—Hay alguien que me perturba —contestó. Fruncí el ceño y lo miré mejor.

—¿Acaso es la chica de anteojitos? —le pregunté y sin darme cuenta elevé más mi voz de lo que debía. Toda la clase se giró a verme.

—¿Sucede algo Lanzani? —me preguntó la profesora.

—No, nada. Lo siento —me disculpé.

  Creo que yo estaba más asombrado que el resto de la clase, al escucharme a mí mismo disculpándome por algo que hice.

—¿Estás enfermo o qué? —dijo por lo bajo Nico. Sonreí divertido.

—No me cambies de tema, ¿es la tal Euge?

Suspiró levemente y volvió a mirar al frente.

—Si —dijo sin quitar su vista de la profesora.

—¿Qué pasó con ella?

—Es una… una ñoña —dijo nervioso, pero sin levantar la voz —Y tuvo el tupé de decirme que soy un neandertal con peinado de gallina.

  Estallé en risas. Otra vez la clase entera se giró a verme, incluso Lali y Gastón. La profesora frunció el ceño.

—¿Se puede saber que es tan gracioso? —me preguntó.

—Lo siento, de verdad lo siento —dije mientras calmaba mi risa —No volverá a pasar…

La profesora revoleó los ojos y volvió a escribir.

—¿Y por eso estás así? —le dije mientras restregaba mis ojos a causa de la risa.

—No solo me dijo eso. Sino también que era un pobre idiota que buscaba consuelo en todas las chicas con las que me acostaba, pero que no lograba llenar el vació de mi vida con ninguna de ellas…

—Uuuh, eso dolió, ¿verdad? —pregunté. Él no dijo nada —¿Pero porque te dijo todo eso?

—Porque intenté seducirla ayer en la tarde en la biblioteca de aquí —me dijo.

—¿Estuviste aquí ayer? —dije asombrado. Jamás pensé que Nicolás podría estar un domingo en la Universidad.

—Necesitaba buscar un libro, y vine, la vi sentada leyendo y me acerqué a ella… Maldita sea la hora en que lo hice.

—¿Te gusta? —dije al observar su total indignación hacia ella.

Se giró a verme rápidamente.

—Claro que no… Ella no es mi tipo de mujer, además de que no la tocaría ni con un palo. Es la última mujer con la que me metería en mi vida.

—Te gusta —afirmé.

  Él no me dijo nada. Sonreí y volví mi vista al frente. El primer caído ante los encantos de un genio. ¿Quién será el segundo? Estoy completamente seguro de que será Gastón, y quedaré solo en mi lucha por el machismo…

  Fijé mi vista en Lali, con cuidado se giró a verme. Tomé mi celular y escribí debajo de la mesa. Observé como ella buscaba su celular. Lo abrió.

‘Me estabas mirando, te caché cariño.’

Vi como ella escribía. Luego de unos segundos mi celular vibró.

‘Creo que el que me estaba mirando eras tú, yo solo giré porque me sentía observada’

Le respondí.

‘¿Ahora tienes un sexto sentido?’

Me respondió.

‘Veo gente muerta… jajaja’

Sonreí por lo bajo y guardé mi teléfono ya que la profesora dejó de escribir y nos miró a todos. 

Comenzó a hablar.

—Bueno alumnos, vamos a hablar sobre el habeas corpus —dijo y caminó un poco moviendo sus manos —¿Alguien puede decirme algo sobre eso?

—El habeas corpus es una institución jurídica que garantiza la libertad personal del individuo, con el fin de evitar los arrestos y detenciones arbitrarias. Se basa en la obligación de presentar ante el juez, a todo detenido en el plazo de 72 horas, el cual podría ordenar la libertad inmediata del detenido si no encontrara motivo suficiente de arresto —habló con total fluidez la morocha.

—Excelente señorita Esposito, se nota que ha estado leyendo —la felicitó la profesora.

—Vaya podría ser tu abogada la próxima vez que te metas en algún Problema —aseguró el pelado. La clase continuó hasta que el bendito timbre sonó. Me puse de pie, necesitaba salir de allí para fumar un cigarrillo. Lali me había apagado el que me estaba por terminar, y sentí como que un pedazo de mí faltaba.

  Salí del salón, con Nico y Gas detrás de mí. Toqué los bolsillos de mis pantalones, y me olvidé la maldita caja.

—¡Demonios! —dije deteniendo mi paso.

—¿Qué sucede? —me preguntó Gas.

—Olvidé los cigarrillos, ya vuelvo —les dije y regresé mis pasos hacia el salón.

Me detuve al escuchar unas voces.

—¡Eres una cualquiera! —escuché la chillona voz de María.

—El muerto se asusta del degollado —dijo irónica Lali— ¡Me tienes harta María! ¡Ya te dije millones de veces que entre Lanzani y yo no hay nada!

—¡Pues no te creo! —chilló ella.

—¡Pues ese es tu problema, déjame en paz! —le exigió. Entré al salón haciendo que ambas me miraran. Lali soltó un suspiro —Lanzani ven aquí.

—¿Yo? —dije haciéndome el tonto.

—¿Acaso hay otro aquí? —preguntó con sarcasmo. Sonreí y me acerque hasta ellas. Lali miró a María —¿Puedes decirle por Dios que entre nosotros no pasa nada?


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