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viernes, 16 de agosto de 2013

CAPITULO 53

Holaaaa!!! Ya estoy con el nuevo capitulo, que el de hoy es muy gracioso y Laliter!! No quiero quejas, que es muy largo!! Comentar mucho y subo otro :):):) Besos

—¡Bien, perfecto! —dijo casi gritándome —¿Quieres jugar? Yo también puedo jugar Lanzani, y te juro que te vas arrepentir de haberte metido en mi vida, de haberte metido en mi cama, y de haberte metido conmigo…

—Que miedo me das —dije irónico. Ella me miró y sonrió perversamente.


—Pues deberías temerme cariño, si antes decías que te volvía loco… ahora no sabes la que te espera.


  Volvimos a entrar y ella se sentó a la mesa sin dejar de sonreírle a D’Alessandro. Él nos miró consecutivamente y sonrió levemente esperando escuchar algo.

—Vico, mañana vamos al partido con Peter —le dijo ella. El rubio sonrió.

—¿De verdad? ¿No te molesta? Lali, si no quieres ir… podemos ir al cine como habíamos acordado.

—Tranquilo Vico, vamos a ver el partido. La vamos a pasar bien igual que en el cine —dijo ella y apoyó su mano sobre la de él.

La miré de reojo, ¿Con que ese era su plan, verdad?

—¿Qué pediste para cenar D’Alessandro? —le pregunté. Él me miró.

—Mmm, bueno pedí algo simple y rico. Pastas —dijo él.

—Lamento decirte Vico que Lali es…

—Vegetariana —me interrumpió él —Lo se. Por eso para ella pedí una pasta especial, de sémola con una salsa de espinaca.

—Eres tan considerado —le dijo ella.

—Lo mereces —le dijo galante. ¡Ya no iba a poder tolerarlo!

—¿Y como van las cosas en el centro Vico? —le dije para que pusiera su atención en otro cosa y dejara de mirar a Lali.

—Por ahora todo marcha sobre ruedas. La semana pasaba tuve una reunión con el rector y el director de la administración. Vamos a hacer un nuevo proyecto basado en mejorar las condiciones de los laboratorios y talleres.

—Si, he escuchado un poco de eso. Todo el mundo esta muy conforme con tu mandato —le dije divertido. Él rió.

—Yo no lo llamaría así. Solo soy un alumno más que fue elegido por el resto del alumnado para hacerle llegar sus quejas e ideas a las autoridades —dijo condescendiente.

—No seas modesto —le dijo Lali, haciendo que ambos la miráramos —Eres un gran presidente… si yo hubiese estado cuando te postulaste te aseguró que te hubiese dado mi voto.

—Serías una excelente asesora de campaña —dijo divertido.

—¿Lo crees? —preguntó ella.

—Si, eres así como especial para esas cosas —dije metiéndome en su conversación —Te gusta mucho el tema de hablar, de opinar sobre la gente… tienes la palabra fácil.

—Ella tiene ese carácter fuerte y decidió, como todas las mujeres que saben de política y esas cosas —me dijo él. Lo miré.

—Si, principalmente porque miente muy bien —dije divertido.

  Sentí como una pequeña mano se apoyaba sobre mi rodilla. Mis ojos se abrieron bien y mi cuerpo dio un pequeño respingo sobre la silla.

—¿Sabes Vico? Ayer encontré ese libro del que hablamos el otro día —le dijo ella. Su mano comenzó a acariciar mi rodilla, por debajo de la mesa. ¡Oh diablos, este si era su maldito plan!

—¿A sí? —dijo él algo sorprendido —¿Has podido leerlo?

—Muy poco —dijo ella sin dejar de mirarlo a él.

  Ellos seguían hablando, pero mi cabeza estaba demasiado distraída como para prestarles atención. Tragué saliva. Su mano apretó mi rodilla sutilmente, haciéndome recordar que así también lo había hecho la otra noche.

  Entonces mi respiración comenzó a agitarse un poco, cuando sentí como su mano comenzaba a subir un poco más a allá de mi rodilla.

¡Oh si, ella quería enloquecerme!

  Justo cuando estaba a la mitad del camino tomé su mano con la mía. Ella abrió bien sus ojos, que no dejaban de mirar a Vico.

—Y entonces, por eso fue que comencé a enseñarle a leer a los ciegos —habló él.
Al fin había podido lograr concentrarme y escuchar algo de lo que decían. Acomodándome un poco, tomé mejor su mano con la mía. Con cuidado giré su palma hacia arriba, y comencé a acariciarla con mis dedos. Sonreí levemente al ver la expresión que tomaba su cara. Ella sabía lo que significaba eso. Cuando un hombre acaricia la palma de la mano de una mujer, es porque quiere, ansiosamente, irse a una cama con ella.

  Lentamente fue retirando su mano de la mía y poniendo ambas manos encima de la mesa, mientras Vico seguía hablando. Sonreí maliciosamente.

  Ella no era la única que podía jugar de esa manera. Distraídamente dejé caer mi servilleta al suelo, Justo al lado de ella.

—Lo siento —dije y me agaché para recogerla. Sus piernas quedaron bien puestas frente a mis ojos. Con cuidado coloque mi mano en la parte inferior, Justo sobre su muslo. Y con mucho más de cuidado comencé a subir por ella. Interrumpiendo sus palabras, se sentó erguida mente. Sonreí y me acerqué más para morder levemente su piel. Dio un pequeño salto en la silla.

—Lali, ¿estás bien? —le preguntó Vico.

Rápidamente me incorporé. La miré divertido, y sus mejillas estaban rojas.

—Si, si, si estoy bien —dijo nerviosa.

—Espérenme un segundo, que voy a ver porque se tardan tanto con la comida —dijo D’Alessandro y se puso de pie para dejarnos solos.

—¿Qué crees que estás haciendo? —me preguntó nerviosa.

—Lo mismo que tú cariño, jugar… sucio —le dije.

—Pero ¿no podías ser más discreto?

—Te gustó, ¿verdad? Te encanta que te toque, que te acaricie y que te muerda.

—Lo que va a encantarme a mí, va a ser que te levantes de esta mesa, agarres tus cosas y me dejes en paz…

—Tú solita te lo buscaste. Tú me tocas, yo te toco y te muerdo. Si yo te toco y no me quieres tocar… tranquila cariño, me conformo con tocarte yo.

Vico volvió a la mesa y se sentó.

—Ya sale nuestra orden —afirmó.

—¡Que bueno! —dije contento y metí mi mano debajo de la mesa, para volver a jugar con ella. Apoyé mi mano sobre su pequeña rodilla —Muero de hambre…

Entiéndase el doble sentido, ¿cierto?

  Un minuto más tarde la comida llegó a nuestra mesa. Trate ya dejar de tocarla, porque de verdad quería comer, pero aun así no se iba a salvar de mí. Ella lo iba a sufrir tanto como yo lo hacía. Los tres comenzamos a comer en un completo y algo molesto silencio. Hasta que Vico acomodó su garganta, para romper el hielo.

—Hace un mes que ya no vas a verme, para que te salve de alguna travesura, u omisión del reglamento Universitario Peter, ¿Por qué? —me preguntó. Terminé de tragar y sonreí.

—Digamos que estoy… descubriendo otros hobbies ¿verdad Lali? —dije y la miré.

Ella me miró con desprecio.

—Si claro, ahora se dedica a andar por la vida mirando películas… de terror —dijo ella.

—Y absolutamente creo que la has calificado mal, Lali. Más bien yo diría que fue una película de romance —le dije.

—Comedia romántica, mejor al caso —sentenció ella.

—Claro que no, Lali. Es más, Vico te podrá desmentir y decir sobre que trata la película.

—Si eso acaba con su diferencia, claro que si —dijo él amable —¿De que se trata?

—Trata sobre un chico y una chica que se conocen casualmente, y bueno… su relación no comienza de la mejor manera pues el joven, apuesto, seductor y galante muchacho es un poco impulsivo —dije.

—¿Un poco? Yo diría demasiado —agregó ella. Sonreí por lo bajo.

—Eso no es lo importante. Sucede que el primer día en que ellos se conocen el chico la besa, porque ella es realmente irresistible… Ella reacciona mal, lo golpea y todo empieza así. Pero luego empiezan a ser amigos…

—Eso no es así —me interrumpió —Ella quería ser su amiga, pero el era un cerdo que quería una sola cosa de ella.

—¿Vas a dejarme hablar o seguirás interrumpiéndome?—le dije. Ella me miró con odio —Como te decía, quedan como amigos. Pero pasan muchas cosas entre ellos. Se desean mutuamente, pero ella es soberbia y muuuuuuuy orgullosa, no quiere admitir que le gusta el muchacho.

—Y él es un mujeriego, arrogante, egocéntrico, manipulador y sobre todo un egoísta que solo piensa en si mismo, y que no quiere admitir que esta muerto de amor por la chica —le contó ella sin dejar de mirarlo.

—¿Muerto de amor? Eso no es así, él no esta muerto de amor por ella —le dije a Vico.

—Oigan, ¿no les parece que solo es una simple película? No vale la pena que peleen por ello. Es una tontería —nos dijo D’Alessandro.

—Yo solo digo que Lali la esta clasificando mal —me defendí.

—Es una aberración —aclaró la morocha —Además de que no le creí ni un poquito al actor principal.

—Tal vez —dije dándole un poco de razón —Pero la actriz principal, ¡Diablos! Te lo juro Vico esta tan buena, como para encerrarte con ella en una habitación muy oscura y fría, para poder entrar en calor.

—Pues el actor ahí andaba, no era ni muy, ni tan…

—Oh, eres una pequeña mentirosa —le dije divertido—Mientras veíamos la película te la pasabas diciendo cosas indecentes sobre él. O mejor dicho… bajo él.

Ella me miró intensamente, haciendo que un escalofrío bajara por mi espalda.

—Mmm, ¿Qué les parece si pedimos el postre?—preguntó Vico haciendo que ambos lo miráramos. Pedimos el postre, y lo comimos sin decir ni una sola palabra.

  Lali comía despacio su helado, y parecía que nunca lo iba a terminar. Hasta que al fin lo hizo. 

  Vico estaba por llamar al mozo para pagar la cuenta, pero le dije que ya estaba paga, pues el dueño del lugar era amigo mío. Nos pusimos de pie y salimos de allí.

—Te llevo, Lali —le dije. Ella se giró a verme.

—No gracias, me voy sola —sentenció.

—No Lali, va a ser mejor que te vayas con Peter. Así yo me quedaré más tranquilo… prometo que para la próxima tendré mi auto—dijo y se acercó a un muchacho para decirle algo.

Con discreción me acerque a ella.

—¿Lo ves? Hasta un extraño te tira a mis brazos…todos saben que me perteneces cariño, que eres mía —le susurré al oído y palmeé su trasero. Ella dio un pequeño salto. Se giró a verme con ojos venenosos.

—¿Hace falta la manito? —me dijo.

—Solo es un gesto territorial —le dije con una sonrisa burlona —Estoy palmeando lo que es mío, solo mío.

Vico volvió a acercarse a nosotros.

—Bueno, yo me tomo aquel taxi de allí —nos dijo. Miró a Lali y le sonrió —La pase muy bien, Lali.

—Yo también, eres un encanto —le dijo ella y se acercó a él para abrazarlo. Revoleé los ojos y esperé a que la estúpida escenita terminara. Ella se alejó de él.

—Bueno D’Alessandro, nos vemos mañana en el partido como acordamos —le dije.

—Claro que si Peter, allí nos vemos —me dijo y se fue de allí.

  Ambos miramos como se subía al taxi y partía rumbo, seguramente, hacia su casa. Lali se giró a verme y comenzó a caminar.

—Para allá esta el auto —le dije.

—No voy a ir contigo —me dijo. Caminé hasta a ella y la alcé en brazos. Ella comenzó a patalear y a quejarse. Caminé con ella así hasta el auto. La bajé frente a el, saqué las llaves y abrí la puerta para que se subiera. Me miró con odio.

—Te detesto —me dijo.

  Le sonreí burlón. Se subió y cerré la puerta, para luego rodear el auto y subirme frente al volante.

  Prendí marcha y comencé a manejar hacia su departamento. La miré de reojo y ella no decía nada, solo miraba al frente y tenía los brazos cruzados sobre su pecho. Acomodé mi garganta.

—¿Cómo la pasaste? —le pregunté. Ella clavó su mirada en la mía.

—Arruinaste mi cita —aseguró —¿Cómo crees que la pase?

—Vamos, no fue tan malo ¿Acaso no te divertiste?—le dije.

  Ella sacó su mirada de mí y miró al frente. Una pequeña sonrisa amenazaba con salir de sus labios. ¡Oh si, ella si se había divertido!

—Eres un tonto —dijo reprimiendo aquella sonrisa.

—Pero te gusta el tonto —le dije. Frené justo frente a su edificio. La miré a los ojos.

—No, no me gusta el tonto —me dijo.

—Pues a mí si me gusta la tonta, me encanta la tonta.

  Su mirada chocolate se volvió tierna y algo confusa. Recorrí con mis ojos su cara, hasta mirar fijamente sus labios. Solo necesitaba un poco de esos labios, y ya era totalmente feliz…

  Despacio comencé a acercarme, ella no se movía. Me acerqué más y más, hasta estar tan cerca de ella que pude rozar sus labios con los míos. Sentí como mi corazón se aceleraba un poco más. Cerré mis ojos para poder besarla completamente, pero un celular comenzó a sonar. Ella alejó su boca de la mía y tomó su teléfono.

—¿Hola? —dijo al atender.

Sonrió levemente y se sentó bien en el asiento.

—Vico —dijo divertida —Si, ya llegué a casa… estoy por entrar.

  Me miró y abrió la puerta del auto, se bajó y la cerró. Sin dejar de hablar y de sonreír me saludó con la mano, en una forma, debo decir, burlona.

  Vi como se alejaba caminando hacia el edificio. Y ahora si, D’Alessandro no tendrá mi voto el año que viene. Si ese maldito celular no hubiese sonado, en este momento estaría saboreando de sus labios. Pero yo no soy así, yo no me voy a quedar con las ganas de besarla.

Rápidamente me bajé del auto y de la misma manera comencé a acercarme a ella.

—Está bien, adiós —escuché que decía y colgaba.

Entonces la tomé del brazo y la giré hacia mí.

—Peter, ¿Qué haces?

Al instante tomé su boca con la mía, colocando mi mano en su nuca, para impedirle escapar. 

  Moví mis labios sobre los suyos, de manera exigente, de manera dominante. Ella lograba que me sintiera desesperado por besarla. Logró despegarse apenas de mí.

—No Peter, basta —dijo agitada. La callé besándola de nuevo. A paso ciego comencé a caminar, haciendo que ella caminara hacia atrás. Se volvió a alejar —No, no vas a subir conmigo.

—¿Por qué no? —le pregunté con la voz algo ronca.

—Porque… porque está tu prima arriba y no quiero que subas.

—Entonces vamos a casa —dije y besé su boca cortamente.

—No tampoco… vete —me dijo.

  La solté por un segundo y tomé mi celular. Marqué el número de mi prima y esperé a que me contestara.

—¡Contigo quería hablar! ¿Se puede saber que estás haciendo en la cita de Lali? ¿Cuál es tu problema Peter? —me preguntó.

—¿Dónde estás Rochi? —le pregunté.

  Los ojos de Mariana se abrieron bastante y quiso hablar, pero coloque uno de mis dedos sobre sus labios.

—En casa tonto, ¿Dónde más voy a estar? —me contestó. Sonreí levemente.

—Eso es todo lo que quería saber primita, muchas gracias.

—Pero…

  Corté antes de que siguiera diciéndome cosas. Miré intensamente a Lali. Ella era una pequeña mentirosa, pero no iba a salirse con la suya.

—Rochi no está aquí —le dije.

  Volví a capturar su boca en un caliente beso. Ella no pudo reprimir un leve gemido que escapó de sus labios.

  Entonces comencé a caminar de nuevo. De una u otra forma entramos al edificio. De una u otra forma logramos subir al ascensor, todo esto sin dejar de besarnos.

  La apoyé levemente contra el espejo del ascensor y me alejé de sus labios para besar su mentón, y su cuello.

  La caja de mental se detuvo en el piso 6. Casi desesperado logré abrir la puerta. Salimos y la tomé de la cintura apegándola a mí otra vez.

  A ciegas volvimos a caminar hasta chocar contra la puerta del departamento. Busqué las llaves dentro del bolsillo de su abrigo y logré abrir…

  Cerré la puerta detrás de nosotros, y alejándome apenas de sus labios para poder respirar me quité la chaqueta. Ella se quitó el abrigo. Caminamos un poco más cuando nuestros labios volvieron a juntarse, y caímos pesadamente sobre el sillón.

  Caí sobre ella, ganándome un nuevo gemido. La besé más profundamente que antes, haciendo que el aire realmente nos faltara. Bajé mi mano por el contorno definido de su cuerpo, acariciándola sobre la suave tela de su ropa.

—No, no… por favor Peter. Déjame —me pidió cuando solté sus labios y bajé a su cuello.

No, ella no podía pedirme eso. Simplemente no podía…

—¿De verdad quieres que te deje? —le pregunté en un susurró cerca de su oído.

—Si, si… vete. Ya no más Peter, ya no quiero más esto ¿no lo entiendes? No quiero ser un juguete con el que te diviertes un rato, no quiero serlo.

  Entonces me alejé de ella para mirarla a los ojos. Sus ojos estaban vidriosos y me maldije a mi mismo por ello. Me alejé completamente de ella y me puse de pie.

  Caminé hasta la puerta y tomé mi chaqueta que estaba en el suelo. Me giré a verla. Su mirada vidriosa, sus labios rojos, me hicieron darme cuenta de lo insensible que puedo llegar a ser.

—Tú no eres un juguete para mí —le dije y salí de allí antes de causarle más daño.

  Llegué a mi casa y gracias a dios Rochi no estaba levantada, no quería escuchar reclamos e insultos en este momento. Me cambié y me tiré en el sillón. Me acosté boca abajo y cerré mis ojos para intentar dormir…

  Abrí un ojo por el sonido que acababa de provocar el microondas. Levanté un poco mi cabeza y miré a prima en la cocina.

—Rochi—dije con la voz dormida —¿Por qué no dejas de hacer ese ruido?

—No hablo con arruinadores de citas —me dijo y siguió haciendo aquel molesto sonido.

Me senté en el sillón y un maldito dolor se apoderó de todo mi cuerpo.

  Creo que tendré que comprar somníferos si Lali va a tener este efecto en mí cada vez que pase algo entre nosotros. ¿Cuándo he dormido? ¿Tres horas?

  Esto es terrible, encima me duele todo, como si hubiera dormido sobre una piedra. Aunque no estoy tan alejado de aquello.

  Este maldito sillón terminara por dejarme paralítico en una silla de ruedas. Estirando mi cuerpo me puse de pie y camine hasta el baño. Me duché y salí para cambiarme y sentarme a la mesada en donde Rochi había preparado todo el desayuno.

—¿Y mi nana? —le pregunté.

—Tina llamó hoy por la mañana diciendo que no podía venir porque Brutus tuvo que ser llevado al veterinario de urgencia porque se comió una moneda —me dijo ella sin mirarme.

—Pobre perrito, tan tonto —musité y pinché un pedazo de fruta para comer.

—No es el único —dijo y clavó su verde mirada en mí. Y aquí vamos con los sermones de Rochi —Yo te juro que no te entiendo. No sé, si es porque realmente eres idiota o porque te gusta molestar a las personas.

—¿Terminaste primita? —le pregunté.

—¡No! —me chilló ofendida.

Me acerqué a ella y besé su mejilla ruidosamente, mientras ella intentaba alejarse.

Le revolví el cabello y le apreté los cachetes.

—Deja el sermón para después, por favor. Respeta mis sacrosantos alimentos —le pedí.

—Juro que eres tan complicado a veces y otras tan predecible y sencillo...

—Soy hombre primita es solo eso, no soy tan evolucionado como ustedes las mujeres. Soy básico y primitivo, por eso no me puedes entender a veces.

—Lo que no entiendo es lo que te pasa con Lali—me dijo.

La miré y bajé la mirada a mi comida.

—Ni yo mismo lo entiendo —susurré. Al parecer ella no me escuchó.

—Primero dices que quieres una noche con ella, bueno... obtuviste la noche que querías. Y ahora no puedes tolerar la idea de que salga con otro, y no quieres admitir que son celos. 

Pero estoy segura de que a ti no te va molestar salir con alguna huequita...

—Te dolerá la cabeza si sigues tratando de racionalizarlo, créeme hablo por experiencia propia.

—¿La amas? —me preguntó. Comencé a toser, ya que me atragante con el jugo que estaba tomando. Cuando logré estabilizarme un poco la miré.

—Define amar —le dije tosiendo un poco todavía.

—Simplemente amar Peter… no lo se... no tiene una definición concreta. Es algo... un poco ilógico de donde lo mires. Es cuando te late rápido el corazón y no dejas de pensar en esa persona, estas así como idiotizado por ella y la ves en todos lados, por todas partes...

Me sentí bastante identificado, pero… no, eso no es así. Tenía que cambiar de tema.

—¿Tú sientes eso por Gastón? —le pregunté divertido.

Sus ojos marrones se abrieron bien y sus mejillas tomaron un poco de color.

—No, no ¿Por qué lo dices? —preguntó nerviosa.

—Porque se que no le eres indiferente a Gastón –dije pícaro.

  Si en algo soy muy bueno, es en sacarle la vuelta a los temas que no me gustan. Terminamos de desayunar y limpiamos todo. Ya eran cerca de las 4 de la tarde. Se pasa rapidísimo la hora cuando hablas con tu prima, y en especial una prima como Rochi. Me tiré en el sillón a ver la tele. Pero miré el teléfono, necesito hablar con ellos.

Marqué el número de Nicolás. Sonó una, sonó otra…

—¿Hola? —me dijo.

—Nico —le dije.

—Peter, hermano ¿Cómo estas? —preguntó.

—Aguarda un segundo en línea y no cortes —dije y apreté un botón de espera y marqué el número de Gas.

—¿Diga? —dijo al atender.

—Gastón —hablé.

—Lanzani, amigo que sorpresa ¿Dónde estás? —dijo.

—Espera un segundo —le dije y apreté el botón que había apretado antes —¿Me escuchan los dos?

—¿Qué sucede? —preguntó el pelado.

—¿Nicolás? —dijo Gas.

—¿Gas? —dijo Nico.

—Bueno, escúchenme —les dije mirando fijamente al teléfono.

—¿Que paso ahora pequeño saltamontes? —me dijo el pelado.

—Necesito contarles mis problemas —sentencié.

—¿Vas a usarnos de psicólogos? ¿Acaso no puedes contactar a uno de verdad? —dijo Gas.

—Ustedes me salen gratis —dije sonriente.

—Estas cagado en dinero busca un profesional, estaba apunto de llamar a Euge —se quejó Nico. Entrecerré los ojos y miré mal el teléfono, como si él pudiera verme.

—La dominante de tu novia puede esperar, tengo problemas —le dije.

—Bueno ya, ya... él tiene razón Nico, luego nos quejamos cuando no sabemos que le pasa —me defendió mi buen amigo Dalmau.

—Esta bien, que comience la sesión. ¿Estás sentado y cómodo? Relájate y suelta la lengua de una vez —dijo Nicolás.

—En este último tiempo me he estado mirando al espejo... y no me reconozco. No sé quién es el que se está mirando —comencé a hablar.

—Pero si no estás gordo. Es más estas como más trabajado que nunca —me dijo Gas.

—No puedo creer que hayas dicho eso... ¿Acaso no te das cuenta que está hablando de su forma de ser, no de su estado físico? —Lo retó Nico —Continua Peter…

—Me siento... me siento como cuando tenía 7 años y no sabía que sabor de helado comprar 
—continué.

—Estás confundido entonces —dijo Gastón.

—No, no es solo eso. Me siento un inepto para tomar decisiones, un manipulador egoísta a la hora de pensar en alguien más —conté.

—Pero es que eres un inepto para tomar decisiones—dijo Riera — ¿Piénsalo que decisión importante has tomado en los últimos años?

—Y si eres un manipulador egoísta. Rochi me habló anoche para decirme que te sacara de la cita de Lali—dijo Dalmau.

—¿Te metiste en la cita de Lali? —preguntó sin poder creerlo.

—Tal vez, bueno si, si me metí. Y si soy un manipulador egoísta pero antes no me hubiera importado, hasta lo hubiera tomado como halago ¿Por qué ahora si me importa? Y lo de las decisiones, tome una sola a los 9 años y no me arrepiento de haberla tomado así me este llevando el diablo por haberlo hecho —dije muy seguro de aquello.

—Y ahora te puede importar por una sola cosa —habló Gas.

—Estás enamorado —sentenció Nicolás.

—Y me podrían explicar ¿Qué es eso? Por que no entiendo el concepto. No está en mi, irremediablemente terminaré arruinándolo, lo sé. De hecho creo que todo el mundo lo sabe —dije algo nervioso.

—Pero primero lo primero amigo —dijo Nico.

—¿Estas enamorado de Lali? —preguntó Gas.

—Es que eso no tiene sentido. No puedo estar enamorado de ella, porque simplemente es algo que no quiero sentir y que... no conozco y que...

—Ya deja de querer ponerle patas y pelos... estás enamorado y punto —me interrumpió Nico.

—Si, sino no harías todas las cosas que haces—Agregó Dalmau.

—¿Que hiciste ayer en su cita? —preguntó el pelado.

—Bueno yo... llegué y me senté con ellos a cenar. Toque a Lali por debajo de la mesa... aunque vale decir que ella comenzó —me defendí.

—¿La tocaste? eres un cerdo —me acusó Dalmau.


—Ella comenzó —me quejé.


64 comentarios:

  1. Me encanto !!!!! Finalmente peter se va dando cuenta de que esta enamorado de lali ❤
    Ame espero q consigas subir mas seguido

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  2. masmasmasmasmasmasmasmas

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  3. novenovenovenovenovenovenovenove

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  4. me encanta la nove
    sube sube otro cap

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  5. ++++++++++++++++++++++++

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  6. ++++++++++++++++++++++++++++++

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  7. mas novela :) me encanta

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  8. sube mas novela hoy por favor

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  9. +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

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  10. sube mas hoy
    estuvo muy bueno el cap :)

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  11. me encanta esta novela

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